ACTIVIDADES PARA EL DESARROLLO DE LA ATENCIÓN Y PERCEPCIÓN VISUAL EN EDUCACIÓN INFANTIL
Con Ara y Belbo podrás conocer el entorno que te rodea jugando en un bosque lleno de sorpresas. Aprenderás a reconocer tus sentimientos y tus intereses, mejorarás tu coordinación y tu orientación, descubrirás la importancia de las reglas, y muchas más habilidades que te ayudarán a encontrar tu lugar en el mundo.
El material comienza con los dos personajes, Ara y Belbo, jugando a la pelota en el bosque donde viven. Al hacer clic sobre uno de ellos, el otro se marcha triste porque no ha sido elegido.
Se pasa entonces a la pantalla principal del material, donde aparecen distintos elementos desde los que se accede bien a las actividades donde, a modo de juego, se trabajan los distintos contenidos; o bien a otro espacio nuevo (cueva o cabaña). En estos espacios nuevos aparecen objetos y elementos para acceder a otras actividades.
En cada pantalla hay un botón de información para el profesor sobre las posibles acciones en dicha pantalla.
Debajo de cada pantalla aparece descrito, en modo texto, todo lo que se visualiza en la parte superior con los enlaces a las distintas actividades o escenarios.
El material es atractivo en sus elementos visuales, la mezcla de texturas "reales" con personajes tipo cómic logra una bella apariencia. También los elementos musicales, que mezclan aires celtas con canciones populares, junto con los elementos modernos le da un aire divertido y burlón típico de los juegos.
Accede desde el siguiente enlace y participa con tu hijo/a: Enlace.
En un mundo donde el riesgo de incendio es una amenaza silenciosa pero constante, hay elementos que no pueden ni deben pasar desapercibidos. Y no hablamos de tecnología futurista ni de sistemas sofisticados que solo entienden los técnicos. Hablamos de algo tan visible como ignorado: las bocas de incendio equipadas, las famosas BIE que vigilan desde la pared. Hoy nos centramos en la más robusta, la más eficaz y, para muchos expertos, la más necesaria: la BIE de 45 mm.
¿Por qué este modelo y no otro? Porque donde hay riesgo real, hace falta caudal, fuerza y resistencia. Porque cuando las llamas amenazan, solo sirven los sistemas que no fallan. Y porque cada segundo cuenta.
Una BIE 45 mm es un sistema fijo de extinción que incorpora una manguera semirrígida de 45 milímetros de diámetro. Su función: proporcionar agua con potencia suficiente para controlar incendios de consideración en los primeros minutos. No es casualidad que se instalen en fábricas, hospitales, centros comerciales y aparcamientos. En todos esos entornos, la capacidad de respuesta rápida lo es todo.
Gracias a su caudal elevado —hasta 500 litros por minuto— y a su estructura accesible, la BIE 45 mm es una aliada insustituible en situaciones donde el fuego no da tregua. No es casualidad que el Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios (RIPCI) la contemple con especial atención.
Para entender su eficacia, conviene conocer su composición. No es solo una manguera enrollada: es un sistema diseñado para actuar sin margen de error.
Todos estos elementos están pensados para que incluso un usuario sin formación previa pueda intervenir de forma eficiente ante un conato de incendio.
Una BIE es efectiva si se sabe utilizar. Por eso, conviene conocer los pasos básicos ante una emergencia. En primer lugar, evaluar el riesgo. Si el incendio es incipiente, se puede actuar. Si no, evacuar y avisar a los bomberos.
Después:
Actuar con calma puede marcar la diferencia entre una anécdota y una tragedia.
Y es que las BIE no están ahí por estética o por obligación normativa: están ahí porque salvan vidas.
Un sistema de extinción sin mantenimiento es como un coche sin frenos: solo funciona hasta que lo necesitas. El mantenimiento periódico de una BIE de 45 mm no es negociable. De hecho, está regulado legalmente.
La periodicidad mínima incluye:
Estas tareas deben ser ejecutadas por personal técnico cualificado. No basta con “echar un vistazo”.
Sobre esto y más se habla regularmente en este blog de protección contra incendios, donde desgranamos normativa, consejos de mantenimiento y novedades técnicas que afectan a la seguridad de nuestros edificios.
La normativa española, a través del RIPCI y otras disposiciones autonómicas, establece qué instalaciones deben contar con sistemas fijos como las BIE 45 mm:
En todos estos casos, las BIE de 45 mm son una exigencia lógica más que legal: son la respuesta inmediata mientras llegan los servicios de emergencia.
Puede que te preguntes: ¿por qué no instalar todas de 25 mm? La respuesta está en el caudal y la presión. Las de 25 mm están pensadas para fuegos incipientes, zonas con menor riesgo o edificios residenciales pequeños. Las de 45 mm, en cambio, se utilizan cuando se espera un fuego de mayor tamaño, cuando la infraestructura lo exige o cuando las condiciones del entorno lo requieren.
¿Puede cualquiera utilizar una BIE?
Sí. Están pensadas para ser usadas por cualquier persona sin formación técnica, aunque se recomienda formación básica para maximizar la eficacia.
¿Es obligatorio contratar mantenimiento externo?
Sí. Solo las empresas certificadas pueden realizar el mantenimiento de estos sistemas.
¿Qué pasa si mi edificio no tiene BIEs y debería tenerlas?
Puede suponer sanciones legales, clausura parcial o total del edificio, y, sobre todo, una irresponsabilidad con consecuencias fatales.
La BIE 45 mm no es una opción estética ni una pieza decorativa en un pasillo. Es el primer frente de batalla en una emergencia. Es la herramienta que puede contener un incendio en sus primeros minutos. Y es, por tanto, una de las piezas más importantes del puzle que compone la seguridad de un edificio.
Ignorarla, dejarla sin mantenimiento o instalarla sin criterio es jugar con fuego. Literalmente. Así que la próxima vez que pases junto a esa caja roja, mírala con otros ojos: estás ante un equipo salvavidas.
En una cocina industrial no hay lugar para la improvisación. Aquí el fuego no es un accidente: es una herramienta diaria. Y como toda herramienta poderosa, necesita estar controlada. Porque cuando el calor aprieta, cuando la grasa chisporrotea y los turnos se solapan sin tregua, lo único que separa la normalidad del desastre es un sistema de extinción automática en perfectas condiciones.
La importancia de los sistemas de extinción automática en cocinas industriales no es un capricho técnico ni una recomendación opcional. Es la diferencia entre un servicio de mediodía tranquilo y un titular en la prensa del día siguiente. No se trata solo de apagar fuegos: se trata de proteger vidas, de evitar que un pequeño conato se convierta en una tragedia.
Y es que el fuego, en una cocina profesional, no da segundas oportunidades. Por eso, saber cada cuánto hay que revisar un sistema de extinción automática en cocinas industriales es tan importante como saber cuándo caduca el género fresco del frigorífico.
La normativa no deja lugar a dudas: una vez al año, como poco, hay que pasar revista. Hablamos de una revisión completa y documentada del sistema de extincion automatica cocina, llevada a cabo por técnicos homologados, que evalúen desde la presión de los manómetros hasta la eficacia de las boquillas difusoras. No se trata de una inspección estética. Se trata de garantizar que, llegado el momento, el sistema actúe con la rapidez y precisión necesarias para contener el fuego en sus primeros segundos.
Durante esta revisión anual, se deben inspeccionar:
Aunque la ley exige revisión anual completa, es altamente recomendable —y en muchos casos obligatorio según el tipo de actividad— realizar inspecciones visuales cada tres meses. Estas no sustituyen la revisión técnica, pero sirven para detectar fugas, daños o alteraciones visibles que puedan comprometer la eficacia del sistema.
Un técnico cualificado debe verificar que el sistema no presenta obstrucciones, desplazamientos de boquillas, manipulación indebida o componentes deteriorados por el uso diario.
Cada cinco años, el sistema de extinción de incendios en campanas extractoras debe superar una prueba hidráulica o “retimbrado”. Este test somete a presión máxima las botellas y conducciones del sistema para comprobar su resistencia estructural. Es la gran ITV del sistema de extinción. Aquí no hay margen de error: una fuga mínima, una microfisura en la botella, puede convertir el sistema en un testigo silencioso del desastre.
El retimbrado debe ser realizado por empresas acreditadas en el manejo de aparatos a presión. Su incumplimiento, además de poner en riesgo vidas y bienes, puede derivar en sanciones administrativas y el cierre inmediato del establecimiento.
Y si hablamos de normativas, no olvidemos que cada cambio estructural dentro de la cocina exige revisión del sistema. Porque en un entorno de precisión como una cocina profesional, hasta el más leve desplazamiento puede dejar zonas críticas sin cobertura.
Para más información sobre la adaptación de instalaciones a nuevos esquemas funcionales, conviene revisar esta completa sección sobre cocinas industriales y sus necesidades específicas.
¿Has cambiado la ubicación del horno? ¿Has sustituido la campana por un modelo más potente? ¿Has añadido una nueva línea de fogones? Entonces también hay que revisar el sistema de extinción. Cada cambio implica nuevos flujos de calor, nuevas posibilidades de ignición y, por tanto, una nueva configuración del sistema protector.
No hacerlo es tan arriesgado como cambiar de chef sin avisar al equipo. Una buena sincronía entre el diseño de la cocina y el sistema contra incendios es esencial para una respuesta rápida y eficaz.
En entornos como hospitales, residencias o colegios, donde los usuarios pueden ser especialmente vulnerables, las exigencias se endurecen. Aquí no basta con cumplir los mínimos legales: hay que garantizar que todo el sistema funciona como un reloj suizo. Las inspecciones suelen ser más frecuentes y los estándares, más exigentes.
De hecho, incluso instalaciones de potencia térmica moderada deben contar con sistemas automáticos certificados. En estos casos, la revisión puede incluir simulaciones de disparo, análisis técnico del entorno y verificación documental exhaustiva.
No, el mantenimiento no es tarea del encargado ni del “cuñado que sabe de todo”. Este tipo de revisiones deben ser realizadas única y exclusivamente por empresas homologadas en sistemas de protección contra incendios. Técnicos certificados, con conocimiento específico del Reglamento de Instalaciones de Protección Contra Incendios (RIPCI) y con experiencia demostrable en entornos hosteleros.
Además, deben emitir informes oficiales tras cada intervención, que puedan presentarse ante cualquier inspección de Sanidad, Ayuntamiento o compañía aseguradora.
Inspeccionar, mantener, ajustar… No se trata de una burocracia absurda, sino de garantizar la supervivencia del negocio y de las personas que lo habitan. Un sistema de extinción automática bien cuidado es un escudo silencioso que trabaja 24 horas al día, esperando que nunca tenga que actuar, pero listo para hacerlo con precisión quirúrgica.
Porque cuando salta la alarma, cuando la grasa prende, no hay margen para improvisar. Solo hay una certeza: que el sistema funcione. Y eso solo se consigue revisándolo con la frecuencia debida, por los profesionales adecuados y con la documentación en regla.
La prevención de incendios en cocinas industriales no empieza con el fuego. Empieza mucho antes, cuando decidimos que la seguridad no se improvisa. Se planifica, se revisa y se certifica.